lunes, 23 de febrero de 2009

ARNALDO CÓRDOBA: el modo vergonzante de hacer leyes.


La Teoría Política Constitucional Liberal Democrática (me refiero a la democracia representativa) precisamente para evitar el abuso del poder del Estado, estableció como garantía del buen gobierno la división de poderes en Ejecutivo, Judicial y Legislativo. Este último se refería a los funcionarios que “representan a los ciudadanos”, es decir, al pueblo, por ende debieran ser representantes de los intereses generales de la sociedad por sobre los particulares o de clase. Sin embargo, el caso mexicano es paradigmático, pues sin lugar a dudas en el último tercio del siglo XX sufrimos grandes modificaciones para bien y para mal en nuestra vida pública. Y entre estas últimas –las nocivas- podemos encontrar que los poderes de facto se apoderaron de muchos espacios en el gobierno, e incluso fuera de ellos, desde donde ejercen un fuerte influjo sobre las decisiones del gobierno y de cómo hacer política. Entre los más nocivos poderes de facto podemos encontrar al llamado cuarto poder; el de los medios de comunicación, y siendo más específico el de las televisoras (principalmente Televisa), las cuales se han metido de lleno a los procesos electorales de manera férrea ya que dejaban cuantiosas ganancias las campañas de los candidatos, pero da la casualidad de que los contribuyentes eran quienes pagaban enormes montos por tan caros procesos electorales. Por ello, cuando se legisla a favor de los intereses generales (con la llamada Reforma electoral) salen a dar el grito en el cielo las televisoras –y sus respectivas filiales en los demás medios de comunicación-, diciendo que se cuarta la libertad de expresión, establecida en la Constitución. Pero, tal vez fuera creíble en otro país el alegato, sin embargo, fácilmente podemos constatar que lo que verdaderamente defienden es el dinero que les dejan los procesos electorales. Por ello es un paso limitado, pero por lo menos un paso acertado el de haber minado, aunque sea parcialmente, el poder de las televisoras con una ley electoral, que sin lugar a dudas tiene algunas fallas, pero que por lo menos pensó en el interés general. Ahora lo que sigue es que los legisladores –y el gobierno en general- se pregunten si es justo que sean maniatados y siguiendo atados de manos a los caprichos de los potentados, y por ello se deben preguntar si no es vergonzoso que tengan que legislar a escondidas por medio a represalias



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